Compañías Militares Privadas: La Privatización de la Defensa

Compañías Militares Privadas: La Privatización de la Defensa

Parece una figura medieval y cuya extinción se produjo hace siglos, pero es una realidad que los mercenarios cada vez tienen más visibilidad y peso dentro del mercado global de la defensa y la seguridad. Hay mil motivos que hacen que esta actividad sea enormemente atractiva para empresas e individuos. Desde estas líneas intentaremos explicar una de tantas aristas que el gigantesco mundo de la seguridad y la defensa tiene en nuestros días: las compañías militares privadas (CMP), o como son conocidos coloquialmente, los mercenarios.

¿Qué son los mercenarios?

MercenariosTodos sabremos más o menos lo que es un mercenario, pero es importante precisar ciertas cosas antes de entrar a explicar el complejo mundo de las compañías militares privadas, ya que no podemos caer sin más en la correlación de alguien que lucha por dinero. La Real Academia Española define mercenario como “Dicho de una tropa: Que por estipendio – por dinero – sirve en la guerra a un poder extranjero”. Es decir, aquí se presenta al mercenario como un individuo que por una retribución lucha para un poder que no es el de su país sino el de otro. Y esta, que es la creencia habitual, es necesaria reorientarla a la correcta comprensión de lo que es hoy en día un mercenario o un “soldado privado”.

Históricamente, los mercenarios eran tropas de algún lugar concreto con una habilidad o capacidad especial que hacía que un ejército o poder requiriese sus servicios. Normalmente no estaban enrolados en dicho ejército o fuerza de manera obligada – como sí lo estaban muchas de las tropas regulares o de leva – ,sino que simplemente eran remunerados a cambio de su servicio durante el tiempo que se hubiese convenido. Así, a lo largo de los siglos, las compañías de mercenarios – que a veces llegaban a contar con numerosos efectivos – estuvieron presentes en la mayoría de los conflictos bélicos hasta el siglo XIX aproximadamente. Su paulatina desaparición estuvo motivada por el creciente poder de los estados, especialmente europeos, que ya no necesitaban de sus servicios al disponer tanto de dinero como de hombres para desarrollar las tareas que realizaban dichos mercenarios. Salvo algún caso muy excepcional, como los mercenarios contratados por el rey Leopoldo II de Bélgica para su colonia del Congo, durante el final de los siglos XIX y la primera mitad del XX, la “desmercenarización” de los conflictos fue absoluta.

Compañias Militares Privadas

Compañias Militares Privadas

Durante la Guerra Fría la situación de vacío de mercenarios continuó, ya que la lucha, frontal o indirecta, era entre estados o estados contra fuerzas no estatales altamente ideologizadas – nacionalistas o comunistas normalmente – ,estas últimas a menudo escasas de recursos – caso de las numerosas guerrillas en África y Asia – y que lógicamente no se podían permitir un aporte extra de fuerza militar pagando, ya que tampoco era raro que esa fuerza extra viniese regalada o por Estados Unidos o por la Unión Soviética, así que el gremio de los mercenarios apenas tenía trabajo.

El cambio radical vino con el fin de la Guerra Fría. La desaparición de la URSS hizo que el gran conflicto entre estados de los últimos cincuenta años acabase de un día para otro, pero no por ello desaparecieron otros conflictos que habían estado tapados por la inmensidad de las tensiones EEUU-URSS. A finales de los años ochenta y principios de los noventa del pasado siglo, las desmovilizaciones militares y las reducciones en el gasto militar en medio mundo fueron enormes. Ya no era necesario tener grandes ejércitos preparados día y noche para entrar en una guerra que no iba a llegar, sino que las necesidades ahora residían en ejércitos pequeños y de gran calidad gracias a la tecnología. Del mismo modo, la predominancia en aquellos años de tesis neoliberales a ambas orillas del Atlántico – Estados Unidos y Reino Unido respectivamente – acabó por contagiar al ámbito de la defensa y la seguridad, que hasta entonces había sido sagrado. Todo el entramado que hay detrás de un ejército, como la producción de armamento, el I+D+i, la logística, servicios muy específicos, etc. debían pasar a manos del mercado. Y es en este momento y especialmente en Norteamérica cuando empiezan a surgir las compañías militares privadas, mientras que en otras partes del mundo, especialmente en vías de desarrollo, resurge la figura del mercenario.

Habiendo pues establecido el punto de partida, vamos a precisar aún más los términos, ya que nos referiremos a “compañías militares privadas” y “mercenarios” como dos conceptos distintos, aunque en ciertos momentos lleguen a estar muy próximos. Las compañías militares privadas son empresas dedicadas al ámbito de la seguridad y la defensa, cuyo grado de especialización en un servicio es muy alto y normalmente trabajan con estados u organizaciones internacionales en todo tipo de conflictos y escenarios, además de que sus tarifas no son precisamente baratas; en cambio, consideraremos a los mercenarios como luchadores a sueldo sin un estatus legal reconocido en ningún país – no figuran como una empresa en ningún sitio – y cuyo grado de especialización se deriva más al combate y no a otras labores técnicas que precisa un conflicto. Estos últimos, a pesar de ser actualmente más escasos, podrían ser la continuación de los mercenarios históricos, cosa que la mayoría de compañías militares privadas no son.

Las compañías militares privadas y los mercenarios ante el Derecho Internacional

No debemos olvidar que tanto los empleados de las compañías militares privadas como los mercenarios trabajan habitualmente en escenarios donde se está desarrollando un conflicto armado o una situación de seguridad delicada. También es necesario recalcar que tanto unos como otros pueden ir armados – desde una pistola hasta pilotando un helicóptero de combate – por lo que en un momento dado pueden ocasionar daños a terceros o verse envueltos en un combate real. Y a pesar de que tanto empleados de CMP como mercenarios tienen un estatus reconocido ante el derecho internacional público, no es el mismo; de hecho varían notablemente, por lo que viene a ser un motivo más de diferenciar correctamente los “mercenarios” bajo una empresa contratada a su vez por un estado o una organización internacional de los “mercenarios” sin más, aunque esta vez sea desde un punto de vista jurídico y no semántico o conceptual.

En primer lugar, veamos qué ocurre con los individuos contratados por una empresa que esté contratada a su vez por un estado o una organización internacional para prestar un servicio determinado a sus fuerzas armadas, policía, asesores o cuerpo que sea. Es decir, empleados de una compañía militar privada/contratista de seguridad privada/empresa militar privada/proveedores de servicios militares, etc.

La 3ª Convención de Ginebra, del año 1949, en relación al trato de prisioneros de guerra, establece el estatus que este tipo de empleados tienen en un escenario bélico y por tanto, el trato que deberían recibir en caso de ser capturados por fuerzas enemigas. Así, en el artículo 4.4 de este convenio se establece que:

“Son prisioneros de guerra, en el sentido del presente Convenio, las personas que, perteneciendo a una de las siguientes categorías, caigan en poder del enemigo: (…) las personas que sigan a las fuerzas armadas sin formar realmente parte integrante de ellas, tales como los miembros civiles de tripulaciones de aviones militares, corresponsales de guerra, proveedores, miembros de unidades de trabajo o de servicios encargados del bienestar de los militares, a condición de que hayan recibido autorización de las fuerzas armadas a las cuales acompañan, teniendo éstas la obligación de proporcionarles, con tal finalidad, una tarjeta de identidad”

Así, partiendo de la perspectiva de que las fuerzas armadas son aquellas que están activamente participando en combate, estos “proveedores” – que es todo lo que en este tratado se entiende que engloba el mundo de las compañías militares privadas y sus sinónimos – no pueden participar en dicho conflicto combatiendo, limitándose a tareas “inocuas” y que no revistan agresión a la otra parte. En caso contrario, se les considerará como mercenarios, cambiando su trato y estatus al siguiente según el artículo 47 del protocolo adicional a los Convenios de Ginebra:

“1. Los mercenarios no tendrán derecho al estatuto de combatiente o de prisionero de guerra.

2. Se entiende por mercenario toda persona:

a) que haya sido especialmente reclutada, localmente o en el extranjero, a fin de combatir en un conflicto armado;

b) que, de hecho, tome parte directa en las hostilidades;

c) que tome parte en las hostilidades animada esencialmente por el deseo de obtener un provecho personal y a la que se haga efectivamente la promesa, por una Parte en conflicto o en nombre de ella, de una retribución material considerablemente superior a la prometida o abonada a los combatientes de grado y funciones similares en las fuerzas armadas de esa Parte;”

Ahora podemos ver mejor todavía las diferencias existentes entre los “neomercenarios” y los mercenarios de siempre. Los primeros, en caso de ser capturados, deberían recibir el trato que merece todo prisionero de guerra, mientras que los segundos, al no considerarse merecedores de ese estatus de prisionero de guerra, podrían complicar su situación en caso de ser capturados, llegados incluso a poder ser condenados a muerte. Bien es cierto que en caso de conflicto armado sería difícil identificar como mercenarios a sujetos que actúen como tal, ya que lo lógico sería que se encuadrasen en el organigrama y funcionamiento del ejército al que sirven – con una jerarquía y uniformes similares – .También es difícil demostrar que a una persona capturada se le paga más que a un individuo de similar graduación pero de una fuerza combatiente reconocible y que no sea mercenario, a no ser que el capturado u otros capturados con él le identifiquen como tal.

En este punto debemos recordar, puesto que es de una importancia vital para este aspecto, que el Convenio de Ginebra de 1949 es un tratado internacional, aplicable sólo a aquellos países que lo han firmado y ratificado. Actualmente todos los países del mundo se han adherido a este tratado; la cuestión es que a este convenio se le añaden tres protocolos adicionales, que amplían o revisan ciertos aspectos del tratado. El protocolo I – en el que se encuentra el tema de los mercenarios – es del año 1977, el protocolo II del año también de 1977, mientras que el protocolo III es del año 2005. En estos protocolos adicionales ya sí que no hay adhesión universal. Por ejemplo, en el protocolo adicional que hoy nos ocupa, el primero, existen ausencias notables: India, Indonesia, Israel, Tailandia o Turquía ni siquiera han firmado dicho protocolo, mientras que otros países como Irán, Marruecos, Pakistán o Estados Unidos lo han firmado pero no lo han ratificado, lo que quiere decir que no aplican ni le son aplicables las disposiciones de dichos protocolos adicionales.

¿A qué se dedican las compañías militares privadas?

Olvidándonos de las guerras tradicionales, los llamados “conflictos de alta intensidad”, el simple despliegue de una fuerza militar o policial es algo complejo, laborioso y con mucho trabajo detrás. Si ese despliegue se produce en un país que no es el propio, la dificultad y el trabajo aumenta aún más.

Como dijimos anteriormente, a partir de los años noventa el entramado militar de las grandes potencias se reduce bastante, a la vez que se tiende a la mejora tecnológica para suplir ese vacío humano. Esto redunda en que cada vez hay menos efectivos en unas fuerzas armadas más complejas tecnológicamente y con mayor necesidad de profesionales especializados. Como las opiniones públicas de muchos países no iban a permitir grandes ejércitos – numérica y económicamente hablando – cuando no había un enemigo al que combatir y a la sombra de estos procesos de desmovilización estaban surgiendo empresas que ofrecían esos servicios, se acabó optando por parte de los gobiernos de usar esas empresas puntual o indefinidamente para proporcionar algunos servicios a sus fuerzas armadas o policiales que sus propias fuerzas armadas no iban a hacer, bien por incapacidad técnica o bien porque les era más fácil contratar dicha empresa.

Todas esas empresas que proporcionan bienes o servicios a fuerzas armadas o policiales en sus despliegues son las compañías militares privadas, que se insertan dentro de lo que conocemos como industria militar o industria de defensa y que en el año 2012 llegaron a mover unos 100.000 millones de dólares. Estas compañías están especializadas en todos los servicios que se necesitan antes, durante y después de un despliegue militar. Logística, telecomunicaciones, asesoría a mandos, protección de personalidades o lugares, vigilancia, enlace y cómo no, fuerza de combate son ejemplos muy generales de lo que esas empresas facilitan a los ejércitos, bien de manera autónoma o bien de manera complementaria a las labores que el propio ejército o fuerza armada haga en esos aspectos.

Quienes están detrás de estas empresas o quienes trabajan para ellas a menudo son exmilitares de cierta especialización que se pasan al ámbito privado al licenciarse en unas fuerzas armadas, muchas veces atraídos por los generosos sueldos que se cobran en dichas compañías, especialmente si se está desplegado en un escenario de conflicto.

También es necesario matizar que al ser un mundo tan grande este de los servicios de seguridad y defensa, las compañías militares privadas son igualmente variopintas. Existen desde las que sólo trabajan con telecomunicaciones o aprovisionamiento de suministros hasta las compañías que son verdaderos ejércitos privados, con helicópteros y vehículos blindados incluidos, además de un armamento ligero a la última. Todas tienen cabida en multitud de operaciones que han sucedido a lo largo del planeta en los últimos veinticinco años.

Principales compañías militares privadas

Algunas son relativamente conocidas, otras no tanto, y casi todas han cambiado alguna vez su nombre por temas de imagen al haber quedado empañada la reputación de la empresa en alguno de sus contratos. Para Estados Unidos han sido un pilar básico de su política de seguridad en el siglo XXI, mientras que en otros lugares del planeta también han tenido momentos destacados. Aquí veremos por tanto cuáles son las principales CMP que existen o que han operado hasta hace poco, además de su origen, los contratos que manejan y las actividades que realizan.

Academi – Blackwaters Worldwide

Blackwater-Xe-Services-Academi-IraqLa primera de ellas es la norteamericana Academi, conocida anteriormente como Blackwater. La empresa, fundada en 1997, ha acabado posicionándose como la CMP más poderosa del mundo, gracias en gran medida a los contratos obtenidos del gobierno estadounidense para Afganistán e Irak. Como estructura interna y en recursos disponibles, Academi es un auténtico ejército. Además de los centros de entrenamiento y las labores de asesoría, esta empresa posee vehículos blindados, helicópteros de combate y aviones de transporte. Eso sin contar con los miles de empleados – soldados – que la empresa tiene en nómina. Al final, casi toda su actividad se ha centrado en la guerra de Irak, un destino por el que el Departamento de Estado de Estados Unidos ha llegado a otorgarle a la compañía contratos por más de trescientos millones de dólares, en su mayoría para actuaciones de apoyo a las tropas regulares, vigilancia de zonas sensibles o protección de personalidades.

Tal ha sido la presencia de esta CMP en Irak que ha llegado a tener desplegados más de mil empleados a la vez y treinta mil de manera rotatoria en lo que ha durado – y dura parcialmente de manera encubierta – la ocupación y administración norteamericana de Irak. Al final, esta compañía vio muy manchada su imagen tras diversos escándalos en relación con sus actividades en tierra iraquí. En noviembre de 2007, diecisiete civiles iraquíes murieron en un tiroteo en Bagdad provocado por la entonces predecesora Blackwater. El gobierno local decidió entonces revocarle la licencia temporalmente a la empresa para seguir operando en territorio de Irak, suceso que provocó cierta tensión con los EEUU al haber garantizado estos, a través del gobernador estadounidense en Irak, Paul Bremer, la inmunidad de estos contratistas ante la legislación iraquí.

Aegis Defense Services

Desde el año 2002, Aegis ha operado en multitud de rincones del mundo, y hasta Naciones Unidas ha requerido de sus servicios, sin embargo, su papel más destacado se ha producido en Oriente Medio, donde Reino Unido también participó activamente en la invasión de Irak en 2003, y cómo no, sus empresas de seguridad acudieron a la antigua Mesopotamia para sacar beneficio de la guerra. Al final, como tantas otras CMPs, obtuvieron jugosos contratos del Departamento de Estado norteamericano de cara a labores varias en Irak; para esta empresa en concreto, casi 300 millones de dólares por garantizar durante tres años la protección y logística del programa de reconstrucción iraquí, además de labores de inteligencia e informes sobre viabilidad de rutas terrestres. Años después, en 2011, en pleno proceso de retirada de las tropas estadounidenses, se acordó que en la zona de Bagdad, los soldados norteamericanos serían sustituidos, de cara a seguir manteniendo la paz y la estabilidad en la ciudad, por varias CMPs, incluyendo la británica Aegis.

Tampoco ellos se salvaron de críticas por desproporciones en Irak. En el año 2005 se filtró un vídeo en el que supuestos miembros de Aegis – suposición luego confirmada por los responsables militares norteamericanos – disparaban gratuitamente a civiles iraquíes mientras iban en coche, todo esto con música de Elvis de fondo (Vídeo aquí). Al contrario que con Blackwater en el incidente comentado anteriormente, Aegis no tuvo ningún tipo de sanción, de hecho, en el año 2011 recibió misiones de seguridad para la embajada de Estados Unidos en Kabul – que más que un edificio es un enorme complejo –, siendo recompensada por ello con casi 500 millones de dólares.

DynCorp

Es una de las más antiguas del sector en relación con su tamaño, ya que DynCorp fue fundada en 1946 en Estados Unidos como una especie de fuerza aérea privada, característica de especialización que le ha llevado a ser requerida por varios países a lo largo de su historia, si bien Estados Unidos ha sido quien más uso le ha dado. En el año 2011 tuvo unos ingresos de algo más de 3000 millones de dólares, de los cuales un 95% provenían del gobierno estadounidense, otorgándole a DynCorp un meritorio duodécimo puesto en la clasificación de empresas militares que más dinero reciben del Pentágono por contratos según la asesoría Washington Technology.

DynCorp

DynCorp

Su ámbito de actuación es eminentemente aeronáutico, aunque también tiene salidas “terrestres”. Además de su pequeña fuerza aérea, realiza mantenimiento de aeronaves, entrenamiento de personal para estas y provee de personal armado privado a cualquiera que lo necesite y pague por ello. En este último aspecto, personal de DynCorp formó parte de la guardia personal del presidente haitiano Aristide en los años noventa y del presidente afgano Hamid Karzai durante el siglo actual. Pero no sólo se centra toda la labor de las CMPs en Oriente Medio. DynCorp, por la antigüedad que tiene, ha participado en numerosos conflictos y misiones de seguridad de la mano de Estados Unidos. Desde Bolivia y Colombia combatiendo a la guerrilla en esa eterna lucha contra las drogas – y que EEUU ha securitizado de manera espectacular –, hasta subcontratados en Somalia como parte de las misiones para el mantenimiento de la paz en una zona en la que se ha evidenciado que el poder estatal es nulo. También en la guerra civil que desintegró la antigua Yugoslavia estaba DynCorp, concretamente en Bosnia-Herzegovina y Kosovo, apoyando las labores que el ejército norteamericano desempeñó en la zona, y que en el caso de Kosovo siguen vigentes operando desde el Camp Bondsteel – que además es la base estadounidense en el extranjero más grande del mundo –.

Entre las desproporciones que DynCorp ha tenido el dudoso honor de cometer, destaca la que se produjo en Bosnia en 1999, si bien en sus operaciones en Colombia, Irak o Afganistán, también hay serias manchas negras, caso de fumigar granjeros inocentes en la selva ecuatoriana, inflar contratos en Irak o matar civiles que no suponían una amenaza en Afganistán. Si esto ya es de por sí grave, el caso bosnio es todavía peor. Una vez acabada la guerra en esa parte de la antigua Yugoslavia, las labores de reconstrucción corrieron a cargo de, además de la propia Bosnia, de la ONU y de Estados Unidos. En esta situación, en el año 1999 se denunció que unos empleados de DynCorp habían abusado de menores y luego les habían vendido como esclavos. Lógicamente, esto causó un revuelo tremendo y al final cinco empleados de la empresa fueron despedidos.

Triple Canopy

La también norteamericana Triple Canopy es otra pieza fundamental en el mundo de las EMPs. Nacida en 2003, está formada por veteranos de las fuerzas especiales norteamericanas, lo que le otorga un grado de especialización considerable. En 2009 tomó el relevo de Blackwater tras las muertes causadas por esta empresa. Así consiguió contratos en Irak por valor de 1500 millones de dólares, además del sobrenombre de “El Blackwaters de Obama”. También, aunque en mucha menor medida, trabaja conjuntamente con el gobierno nigeriano en labores de asesoramiento y securitización del este y el centro de África.

Triple Canopy

Triple Canopy

Intervenciones o usos de compañías militares privadas

Que las empresas vistas hasta ahora sean las más grandes y poderosas no hace que a lo largo de los años, especialmente al acabar la Guerra Fría, otras empresas en otros lugares del planeta hayan protagonizado importantes episodios para las CMPs. También, es cierto, que actualmente tienen una presencia destacada en Irak y Afganistán como habrán podido deducir de todo lo anterior, y ese uso masivo es un punto que trataremos de manera especial, ya que las cifras y los porqués de esas empresas en Oriente Medio son cuantiosas.

En primer lugar viajaremos a Sierra Leona en el año 1995. Para ponernos en situación, resumiremos con una situación desgraciadamente habitual en muchas zonas de África: gobierno débil, multiplicidad étnica, insatisfacción política y social de dichas etnias y por supuesto, diamantes de por medio. Esa situación había estallado en 1991, cuando el Frente Revolucionario Unido (FRU), con el apoyo de tropas liberianas, se sublevó e intentó derrocar el gobierno de Sierra Leona. El avance de los rebeldes fue rápido y gracias a los diamantes de sangre consiguieron numerosos recursos. Esto facilitó que el gobierno cayese por un golpe de estado militar, aunque la guerra continuó. En el comentado año 1995, con el ejército de Sierra Leona desbordado y los rebeldes a punto de entrar en la capital, Freetown, el contraataque gubernamental fue arrollador. Vehículos blindados, helicópteros de combate y tropas perfectamente adiestradas y armadas hicieron retroceder rápidamente a los rebeldes, algo que hizo que en 1996 se relajasen las hostilidades y en 1999 se decretase un alto el fuego por la mediación de la ONU.

ExecutiveOutcomes9La cuestión que nos ocupa aquí es, ¿cómo fueron capaces de lanzar semejante contraataque con tales medios? La responsable de ello fue Executive Outcomes, una CMP sudafricana. Una sola empresa militar fue capaz de darle la vuelta a una guerra civil que parecía decantada, lo que nos da una idea bien del poder de estas empresas, bien de los escasísimos recursos con los que cuentan los grupos armados, especialmente ejércitos gubernamentales, en la mayoría de países africanos.

Como nota, el apoyo liberiano a la guerrilla sierraleonesa provino del que entre 1997 y 2003 fue presidente de Liberia, Charles Taylor. Ese apoyo, o más bien sus consecuencias, hizo que en 2012 fuese condenado por la Corte Penal Internacional de La Haya a cincuenta años de prisión por crímenes de guerra y contra la Humanidad cometidos tanto en Liberia como en Sierra Leona.

El otro lugar donde las CMPs han tenido un uso masivo ha sido en Afganistán e Irak, especialmente en este último país. Aquí no es como el caso de Sierra Leona, cuya función es de un ejército privado, sino que en Irak y Afganistán el uso radica en complementar la labor de las tropas y actuar en funciones “no esenciales” para el desarrollo de la guerra. Los motivos de la presencia de este tipo de empresas en las ocupaciones norteamericanas en Oriente Medio trasciende lo meramente militar, ya que también existen motivos políticos y económicos que tienen una importancia fundamental. Ejemplos de estas motivaciones no militares podrían ser el coste político de bajas militares en la guerra a pesar de que casi 4.500 militares estadounidenses murieron en la guerra de Irak y se estima que más de 500 contratistas tuvieron el mismo destino. Esta “externalización” de ciertas funciones bélicas saca del ojo público en gran medida a los contratistas, que no son bajas tan sensibles a la opinión pública como los soldados estadounidenses. Si a este número le sumamos los 2114 soldados estadounidenses fallecidos en Afganistán, los esfuerzos de Washington para reducir en lo máximo posible el número de bajas son cuantiosos, ya que cada ataúd que viene de Oriente Medio es un duro golpe para el gobierno, fuese el de Bush o sea el de Obama. Por supuesto que este ahorro en la erosión política acaba cobrándose por otro sitio, ya que al menos para el caso de Irak, el dinero que el gobierno estadounidense empleó en pagar a los contratistas se cifró en 138.000 millones de dólares, que viene a ser un 20% aproximadamente de la factura a pagar por Washington por la invasión y ocupación de Irak – las dos guerras norteamericanas en la zona, Irak y Afganistán, han costado 1,37 billones de dólares.

Sea como fuere, Irak y Afganistán, además de otros lugares experimentales antes, han servido para constatar que las CMPs se han posicionado como un actor clave dentro de la planificación de los ejércitos de los distintos estados en misiones en el exterior, sobre todo para labores de retaguardia o aquellas en las que es preferible pagar por un servicio que emplear recursos propios del estado en planificar y ejecutar dicha tarea, como vigilancia de lugares o protección de personalidades. Tampoco podemos olvidar que a pesar de los escándalos protagonizados por estas empresas, su experiencia – tanto las de los propios mercenarios como de los directivos – es amplísima, lo que les otorga un buen valor añadido. No sería raro que de ahora en adelante, Estados Unidos – ya que en Europa u otras fuerzas armadas sería más raro – utilizase estas empresas de manera amplia en cualquier despliegue internacional.

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