Seguridad 2016: reducir vulnerabilidades y aumentar resiliencia

seguridad-datos-tecnologiaAunque el año 2015 será recordado como el año de las tragedias migratorias donde millones de refugiados están en movimiento y más de cinco mil personas han perdido la vida en su intento por obtener refugio o una mejor vida, quince años después del cambio de siglo, también constatamos que nuestras seguridades presentan mayores vulnerabilidades y nuestra resiliencia precisa aumentar. La era de la Inseguridad Si bien la globalización económica ha conducido a un aumento de la riqueza mundial sin precedentes, al tiempo está profundizando las desigualdades y la marginación, no sólo entre las personas, sino también entre países. En este sentido, el “circulo vicioso” de pobreza, desigualdad, frustración, criminalidad, exclusión, inseguridad y más pobreza en el que parecen estar inmersos muchos países está lejos de variarse. No obstante, para hablar de la incidencia de la inseguridad por la globalización, antes debemos de definir el concepto “seguridad” como ámbito común de actividad de los diferentes actores y sectores. Así, hay que repensar los conceptos de bienestar, desarrollo, democracia y seguridad, desde el ángulo de la sostenibilidad, pues ha pasado a ser una tarea vital, aunque sigue siendo una asignatura pendiente. También, en general, hay que tener en cuenta que, el término seguridad se asocia con otros conceptos como “seguridad pública”, o “seguridad ciudadana”, y también con otros más recientes como “seguridad sostenible” o “seguridad humana”. En cualquier caso, dentro de estos conceptos hay que tener en cuenta una clasificación general como es: Seguridad objetiva y seguridad subjetiva. La seguridad objetiva que es aquella que puede medirse cualitativa y cuantitativamente y es resultante de las acciones proactivas y reactivas programadas por el Estado y las Fuerzas de Seguridad Pública. Una seguridad objetiva que, según los datos y su forma de transmitirlos, puede llegar a causar alarma social. Por otra parte, la seguridad subjetiva es aquella que realmente es percibida por el ciudadano en su propia vivencia y estado de ánimo, y es más importante si cabe que la seguridad resultante de las cifras estadísticas y los estudios comparativos. Esta percepción de la inseguridad, es la interpretación por el sentido común de ciertas situaciones como inseguras, y es el resultado de un complejo proceso subjetivo de definiciones y atribuciones de valor, una puesta en valor personal y social de la realidad. Por otro lado, la seguridad ciudadana es un valor y responsabilidad ineludible del Estado, enmarcada en el cumplimiento de los derechos humanos garantizados constitucionalmente junto con el ordenamiento internacional. No obstante, para hablar de inseguridad ciudadana, antes también hemos de referirnos a la seguridad como amplio concepto, la seguridad que es, ante todo, un estado de ánimo y como tal, una cualidad intangible, cambiante, mejorable o empeorable por cuestiones puramente derivadas de la afectividad, la sensibilidad, el estado personal y, sobre todo, por la percepción diferente de la información que, en cada momento y circunstancia recibimos y procesamos o emitimos. Los ciudadanos, cuando oyen hablar de inseguridad ciudadana, piensan en múltiples y muy diversos problemas o situaciones, desde el terrorismo, a la venta de droga en la calle, atracos con armas, violaciones o abusos sexuales, agresiones físicas, robos en domicilios, locales, vehículos, carteras y tirones de bolsos, amenazas, actos de gamberrismo, fraudes, estafas, etc., e incluso recientemente piensan en la corrupción. Así, la inseguridad ciudadana se ha convertido hace ya tiempo en un desafío crucial para la gobernabilidad democrática y el desarrollo humano. Con todo, a pesar de que en el núcleo de esta inseguridad se halle en la amenaza de violencia generada por los nuevos conflictos producidos socialmente, lo cierto es que las políticas de seguridad ciudadana siguen estando más orientadas a contener o reducir los efectos extremos de estos conflictos (preferentemente la actividad delictiva dirigida contra los bienes privados) que a minimizar los riesgos de exclusión social y de desigualdad económica y, en última instancia, el riesgo de ruptura social en el que cada vez estamos más inmersos. En resumen, son pues, tiempos de miedo e inseguridad, en los que este discurso público se revela recurrente. Es momento de apostar con rigor por el desarrollo humano sostenible que, consecuentemente, genera seguridad y es el  requisito imprescindible para poner la “aldea global” en orden. Todo ello teniendo en cuenta que hoy, la delincuencia organizada y la criminalidad están deteriorando las relaciones sociales y humanas, distorsionando la vida cotidiana y están cambiando incluso conceptos como la solidaridad ante las inseguridades pues el impacto de la violencia y el crimen en el desarrollo es elevado. Por tanto, es necesario seguir profundizando en los conceptos y definiciones sobre Seguridad Humana como holística, que permita dimensionar factores multidimensionales. Hacia un enfoque integral contra la inseguridad Como consecuencia de lo anterior, debemos reaccionar contra situaciones de resignación, y dar un cambio decisivo e irreversible hacia un enfoque integral de la seguridad que supongan una continuidad en la reestructuración y modernización de los sistemas policiales y de la justicia para la plena y efectiva coordinación transfronteriza en el combate contra la delincuencia organizada teniendo especialmente en cuenta que la seguridad es, según las encuestas, uno de los aspectos prioritarios para los ciudadanos. Muestra de ello es que la percepción de inseguridad en los ciudadanos se ha incrementado en los últimos años como consecuencia de, en algunos aspectos, ignorancia por parte de las autoridades o manipulación mediática o difusión de informaciones poco rigurosas. Basta un ejemplo y es que cuando se le da más tiempo de cobertura mediática a la delincuencia hay un efecto negativo por parte de los medios de comunicación que influye en la percepción del público. Los resultados indican que existe una relación entre el tratamiento informativo de la delincuencia, principalmente, por parte de los canales de televisión, y la sensación de inseguridad. Reducir las vulnerabilidades Ante el gran catálogo de riesgos y amenazas de hoy vivimos en un mundo muy vulnerable, aunque como concepto, la vulnerabilidad puede parecer excesivamente amplio y abstracto. En cualquier caso, la mayoría de las infraestructuras, personas y sociedades, sin importar el nivel de desarrollo cultural, social o económico, son vulnerables en muchos sentidos ante circunstancias y acontecimientos adversos, muchos de los cuales no se pueden predecir ni prever. Somos vulnerables ante las crisis económicas, crisis sanitarias, las amenazas terroristas, los desastres naturales, el cambio climático, los peligros de las actividades industriales, los conflictos o disturbios sociales, las actividades de organizaciones criminales, etc. Y somos más vulnerables según las capacidades o limitaciones económicas y políticas, ubicación geográfica, niveles de la sociedad, falta de cohesión social o grandes desigualdades, instituciones poco efectivas, gobernanza deficiente, etc. No obstante, como efecto positivo también de la globalización, la mayoría de los países, en las últimas décadas, están mejorado en cuanto a desarrollo humano y a miles de millones de personas les está yendo mucho mejor, aunque queda mucho por hacer. Así, el Informe sobre Desarrollo Humano 2013 reveló que más de 40 países en desarrollo (lo que incluye a la mayoría de la población mundial) consiguieron mayores incrementos de desarrollo de lo previsto desde el año 1990. Aumentar la resiliencia No obstante, para mejorar nuestras vulnerabilidades, hay que moverse y no sucumbir al miedo ni a la autocomplacencia para aumentar nuestra resiliencia. Y para aumentar la resiliencia hay que analizar las cuestiones, tendencias y políticas más importantes en materia de desarrollo y seguridad de manera independiente y con base en las evidencias empíricas. Para reducir las vulnerabilidades y evitar su intensificación, las autoridades y entidades deben implantar soluciones y establecer mecanismos de respuesta adecuados a través de directivas y reglamentaciones para minimizar los riesgos y garantizar que los sistemas respalden el bien común. Además, en esta globalización, para reducir la vulnerabilidad a amenazas transnacionales, se han de adaptar las estructuras de colaboración internacional para minimizar las crisis, pensando en global para mejor actuar en local mediante la cooperación entre los Estados y en las organizaciones internacionales. Por contra, la falta de coordinación, cooperación y liderazgo internacional frena el progreso hacia la solución de los problemas globales de seguridad y la reducción de las vulnerabilidades que amenazan el desarrollo humano y, por tanto, requieren de manera sistemática, la transformación armonización de las normas sociales y políticas para un progreso equitativo y sostenible con libertad y seguridad. El impacto que causa una vulnerabilidad crítica es más que importante y por ello, también hay que aumentar la resiliencia y se requiere algo más que reducir las vulnerabilidades, como eliminar las restricciones a las que se enfrentan los directivos a la hora de actuar con mayor libertad y flexibilidad ante las incidencias.  A lo largo del 2016, la identificación y el análisis de vulnerabilidades serán una pieza importante en los objetivos de la seguridad en las instituciones y empresas y, especialmente, en lo referente a las infraestructuras estratégicas y críticas, que presentan un mayor riesgo. La definición de las adecuadas políticas de seguridad, la implementación de soluciones globales de seguridad y la adopción de mecanismos que permitan detectar de forma precoz la posible materialización de los riesgos o amenazas y su contraposición con diferentes medidas de seguridad son las principales armas para combatir estas más que potenciales incidencias. Por todo ello, serán importantes las políticas para reducir las vulnerabilidades y aumentar la resiliencia como: la prevención de las crisis, la promoción incremento de las capacidades, la cohesión y protección social, los acuerdos sobre el cambio climático, la prevención y reducción de los riesgos de desastres naturales, el control de las bandas organizadas y grupos de acción terrorista, etc. Predicciones de amenazas y tendencias en 2016 Sin grandes dudas, y sobre la base del actual catálogo de riesgos, amenazas y vulnerabilidades, son las infraestructuras críticas y estratégicas las que presentan mayores posibilidades de ataque o incidencias. Los ataques contra este tipo de instalaciones se han incrementado en los últimos años y es esperable que esta tendencia continúe. Así, hoy múltiples aparatos inteligentes están en situación de riesgo notable. El Internet de las cosas seguirá evolucionando y las entidades y empresas necesitarán proteger de nuevas formas sus dispositivos inteligentes en evolución permanente. Obviamente, los riesgos y amenazas, también. En este sentido, cabe destacar aspectos como la migración, el terrorismo, la inseguridad ciudadana y las consecuencias del fenómeno de la corrupción. Todo ello en un marco de acción y convivencia global. Migración De acuerdo con la ONU, la migración internacional se ha disparado en los últimos años. Hace 25 años se registraban 153 millones de migrantes o refugiados en el mundo, en tanto que, en la actualidad hay 244 millones, un 60 por ciento más “Y millones han sido convertidos en los chivos expiatorios y en los blancos de políticas xenófobas y de una retórica alarmista”, según recientes declaraciones del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon. Asimismo, los conflictos y la inestabilidad política han abonado esta migración en forma de refugiados que huyen de las zonas en conflicto. Así, en la actualidad, sólo por el conflicto o cuatro años de guerra en Siria, hay más de 4 millones de refugiados y más de 7 millones de desplazados. “Debemos recordar que aquellos que cometen actos de terrorismo quieren que estemos asustados. Si caemos en esta trampa, ellos habrán triunfado”, son las recientes palabras igualmente de Ban Ki-moon que aseguró que precisamos nuevos esfuerzos con urgencia e instó a crear un nuevo pacto global sobre la movilidad humana basado en una mejor cooperación entre los países de origen, de tránsito y destino. Es por tanto urgente la inclusión de los excluidos en el escenario actual por justicia y protección y porque, consecuentemente, aumenta la inseguridad global y local de los países implicados o afectados. Terrorismo Aún cuando los conflictos y las guerras asimétricas no acabarán nunca, lejos de su pronta resolución estamos, si cabe, en graves momentos de riesgo y amenazas a la seguridad global, además de aquellas áreas de conflicto. Salvo excepciones, los conflictos simplemente se están trasladando de un lugar a otro. Un flujo de siniestros intereses políticos y económicos parece estar en el ambiente. Lo sucedido, especialmente destacado en Nueva York, Madrid, Londres, Bruselas y este último año en París, ha puesto en evidencia que vivíamos en un orden social sustentado en la confianza y la autocomplacencia y que, esos hechos consumados que son los actos terroristas, son consecuencia del hecho premeditado del terrorismo y la percepción del potencial negativo del impacto social que genera. Unos conflictos armados y guerras asimétricas que se inician con la intervención en Irak, incomprensible aventura de la historia moderna, justificada tras los atentados de Nueva York y Washington, donde el gobierno estadounidense, con el apoyo de una amplia mayoría de la comunidad internacional, decidió bombardear Afganistán, refugio de Bin Laden y que, como se ha dicho hasta la saciedad, no colmaba su sed de venganza y así continúa. Llegados a este punto, es necesario no perder el referente de que los costes de estas guerras asimétricas siguen aumentando de manera espectacular y sus “beneficios directos” se han ido reduciendo, por lo que, actualmente, solo tenemos conflictos allí donde la riqueza material es objetivo de botín a repartir, como son las materias primas y los combustibles fósiles. Con el inicio en una guerra no querida, la de Irak; un conflicto soportado, el de Siria; y unos ataques importados, los de los países europeos, la historia continúa con cada vez mayor amenaza y sufrimiento del terrorismo yihadista. Inseguridad ciudadana y corrupción Aunque es cierto que, en general, los países de la Unión Europea tienen indicadores de criminalidad sostenibles, distintos países, principalmente latinoamericanos, presentan cifras de homicidios superiores a las de naciones en conflicto armado. Estas cifras han llevado a la Organización Mundial de la Salud a calificar los homicidios en Latinoamérica como una “epidemia” –más de 10 asesinatos por 100.000 habitantes- y tendencia en la región a convertirse en la más insegura del mundo, de acuerdo a datos del Banco Mundial. Y lo que es más grave, es que más allá del trauma y sufrimiento, el crimen y la violencia no sólo conlleva costes sociales económicos desorbitados que van desde el 3% del PIB en Chile y Uruguay, hasta más del 10% del PIB en Honduras, sino que organizaciones criminales ya actúan transfronterizas, incluso situándose en países europeos. Pero, también la corrupción está generando inseguridad ciudadana pues vivimos momentos de especial impacto, tanto en la realidad como en la percepción ciudadana, sobre la inseguridad que están provocando los elevados niveles de corrupción que, aunque esta se pueda entender como un fenómeno nocivo, vasto, diverso y global cuyos protagonistas pertenecen tanto al sector público como al ámbito privado, está llevando a momentos de indignación y protesta cercanos al movimiento ciudadano. Una corrupción que no se refiere al simple saqueo de recursos del Estado sino que incluye el ofrecimiento y la recepción de sobornos; la malversación y la negligente asignación de fondos y gastos públicos; la manipulación de precios; los escándalos políticos o financieros; el tráfico de influencias e información privilegiada; la financiación ilegal de partidos políticos; la parcialidad o dudosas decisiones judiciales; el amiguismo o sueldos exagerados de amistades, a pesar de su incapacidad; los concursos amañados sobre obras o servicios o la indebida calificación de las mismas; la compra de equipamiento de mala calidad o encarecidos, etc. Todo ello genera consecuencias significativas pues la corrupción reduce la eficiencia del gasto público. La corrupción distorsiona la estructura del aparato productivo pues su incidencia está basada en las decisiones administrativas sobre recalificaciones, permisos, etc. La corrupción desalienta al contribuyente pues la eficacia del sistema recaudatorio se asienta sobre un conjunto de condiciones, incluida la conciencia social que consigue que los ciudadanos acepten como un deber contribuir al esfuerzo común. Finalmente, la corrupción deteriora los organismos de control y ello genera también inseguridad al ciudadano. Con este panorama y a modo de conclusiones, podemos decir que, con respecto a la seguridad global y local, la actual sociedad requiere de un punto de vista nuevo y diferenciador y una determinada manera de entender el tiempo, que es más corto y el espacio, que es más grande, de la mano de la lógica, la inseguridad y la causalidad, que son invitados permanentes. Así consecuentemente, en el año 2016 requerimos, y es de especial responsabilidad, seguir avanzando en el cambio de paradigmas de seguridad, imprescindibles para acometer nuevos retos y exigencias de la sociedad en que vivimos. Hemos de analizar y actuar sobre aspectos de seguridad con una visión holística, pues el mundo no está formado por piezas separadas y aisladas, sino conjuntos que guardan una relación compleja y sinérgica entre sí. Y hemos de seguir avanzando en global para mejor actuar en nuestra dimensión local y ciudadana.

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