Reflexión sobre el comportamiento ante la Autoridad Judicial del Director de Seguridad

Justicia

 

¿Y sobre el comportamiento del personal de Seguridad Privada, y especialmente del Director de Seguridad cuando trata temas relacionados con las formalidades legales y de conducta que se deben respetar en las relaciones con la Administración de Justicia?

Estas preguntas, y otras, se vuelven más inquietantes después de leer el libro Guía de comportamiento en las actuaciones judiciales de Purificación Pujol Capilla, y que me ha servido de inspiración y de modelo a seguir para aplicarlo también al personal de Seguridad Privada, y así poder redactar el presente artículo.

Preguntas que parecen sencillas de responder, pero que sus respuestas son obviadas y olvidadas repetidamente en demasiadas ocasiones.

Con frecuencia, se dan situaciones que se encuentran fuera de la aplicación de las leyes y para las que no hay una solución escrita, pero que son imprescindibles para mantener la solemnidad del Director de Seguridad ante sus actuaciones judiciales.

Quisiera reflexionar sobre algunos temas relacionados con el comportamiento del Director de Seguridad, del decoro o del estilo lingüístico que se debe utilizar, o sobre cuestiones de orden estético, como por ejemplo, cuál es su vestimenta más adecuada.

No debemos olvidar que las normas que rigen nuestro comportamiento profesional no son muy diferentes de las que rigen nuestra vida social o privada, porque las dos se encaminan a posibilitar una convivencia civilizada. Cada organización profesional tiene, o debe tener, su código de conducta, algunos son escritos y con apartados sancionadores de incumplimiento y otros son costumbres, en los que su desatención únicamente supone una desorientación hacia la persona que los olvida. Se podrían clasificar estos últimos como las formas más frecuentes, más aceptadas o más estandarizadas del comportamiento.

William Shakespeare escribió “penséis lo que lo que penséis, creo que no están de más las buenas palabras”. Para entendernos, sea cual sea nuestro discurso, precisamos de palabras que nos permitan comunicarlo. No obstante, también se debe tener presente que hay cosas que visualmente gustan, y otras que no consiguen sacarnos de la indiferencia o, incluso, desagradan profundamente, como por ejemplo ver a cualquier profesional de la Seguridad Privada ante un Tribunal sentado de tal forma que se pueda dudar de si se encuentra en el sofá de su casa tomando una copa, o bien, en una Sala de Audiencia ante un Tribunal. Y si se concluye que, efectivamente, esta forma corresponde a una conducta de dejadez, se debería deducir, que su conducta es irrespectuosa y que merece ser reprochada y rectificada, porque las conductas, como las enfermedades, se contagian de unos a otros (Francis Bacon). Me gustaría recordar, utilizando palabras de Matthew Arnold, que el comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen.

Sin duda alguna, el desarrollo de la profesión de Director de Seguridad requiere un perfecto dominio de la expresión, tanto oral como escrita. Es mediante el lenguaje como se llega a persuadir a las persones que escuchan los argumentos que expone el Director de Seguridad. Se debe cuidar la forma de cómo se dicen las cosas, evitando siempre cualquier palabra o frase malsonante u ofensiva. El Director de Seguridad, por ejemplo, en el Juicio Oral debe dar una buena muestra de sus cualidades verbales, motivo por el cual, la timidez, la inseguridad, la falta de confianza en uno mismo o la inexperiencia pueden ser un obstáculo para el buen desarrollo de una exposición oral. En toda oratoria se debe intentar transmitir seguridad y confianza en uno mismo, de esta manera, se cree firmemente en lo que se dice, se transmite confianza al auditorio, y al Juez, que será quien deberá resolver la controversia. Otra característica – si se habla de una buena oratoria – es la elocuencia, la facultad de hablar bien, de manera convincente y, con fluidez, con facilidad. La elocuencia implica tener atenta a la persona que escucha. Conseguir que la sentencia sea favorable puede depender, en alguna medida (aunque muy pequeña, pero nada despreciable), de la elocuencia del Director de Seguridad en su declaración.

La manera de vestir se debe dirigir hacia la discreción y elegancia, lo que es fácilmente identificable en cualquier grupo humano y, por supuesto, en el mundo de la Seguridad Privada.

Resulta evidente que el Director de Seguridad debe vestir en su lugar de trabajo de tal forma que su indumentaria dignifique la especial función que desarrolla, pero no únicamente para la dignificación de su función es preciso la corrección en su vestimenta, el conocido aforismo, para la primera impresión no existe segunda oportunidad, es especialmente apropiado para el mundo de la Seguridad Privada en el que se plantean y se resuelven temas de gran importancia y en el que no existe ningún género de duda que la primera impresión que se da y, con ella, la inicial dirección que tomen sus actuaciones, la proporcionará, la forma de vestir.

Cada vez es más frecuente la existencia de una cierta “uniformidad no reglada” para las diferentes actividades profesionales, y específicamente, la apariencia externa que debe tener el Director de Seguridad en su actividad cotidiana o en sus actuaciones judiciales. El número de Directores de Seguridad, o del personal de Seguridad Privada, que van a los Juzgados con la vestimenta de acuerdo con la dignidad de su profesión es muy elevada, lo que no impide desear que tal conducta se deba extender a todos.

No se debe olvidar que una correcta vestimenta genera confianza en quien la lleva, crea seguridad y eso se nota en la forma de actuar y en la impresión que se genera en los otros. Debo recordar que “las vistas de los juicios orales son actos solemnes y mucho más cuando en ellos se trata de la libertad y bienes de las personas sometidas a Jurisdicción”.

Y siendo la pauta mayoritaria la del cumplimiento de cánones de comportamiento como la discreción, la solemnidad y el respeto a la empresa o institución que se representa, algunos profesionales olvidan que cuando se pertenece al sector de la Seguridad Privada se deja de ser “fulanito de tal” para pasar a representar a la empresa o institución del cargo que se desarrolla, por ejemplo como Director de Seguridad.

Finalmente, quisiera concluir diciendo que el presente artículo no deja de ser una breve reflexión en relación a algunos aspectos sobre los cuáles debería girar el comportamiento correcto, o más adecuado, ante cualquier actuación judicial del personal de Seguridad Privada, especialmente del Director de Seguridad.

Y quisiera recordar, tal y como dice el refranero:

“Con buenas palabras y mejores hechos, conquistarás el mundo entero”.

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