El valor de la ciencia está en la capacidad de prever lo que sucederá o podría suceder en el futuro


El presidente ruso Vladimir Putin y el general del Ejército Gerasimov, jefe del Estado
Mayor General de las Fuerzas Armadas de
la Federación Rusa, observan ejercicios
militares el 17 de julio de
2013 cerca del lago Baikal en Rusia. Las maniobras
militares fueron
las más grandes desde la época soviética, con unas 160 000
tropas
y 5000 tanques a través de Siberia y el extremo oriental de Rusia

Este artículo fue originalmente publicado en la revista Military-Industrial Kurier, 27 de febrero de 20131. Traducido del ruso el 21 de junio de 2014 por Robert Coalson, editor, Central News, Radio Free Europe/Radio Liberty.

La finalidad de este artículo es familiarizar a nuestros lectores con las perspectivas de los líderes militares de mayor antigüedad rusos en cuanto al tema de la guerra futura y no debe interpretarse como una iniciativa para fomentar sus perspectivas.

En el siglo XXI hemos visto una tendencia a confundir las líneas que existen entre los estados de guerra y paz. Las guerras ya no se declaran y, una vez que comienzan, prosiguen según un patrón desconocido.

La experiencia de los conflictos militares —incluyendo los que están vinculados con las llamadas revoluciones de colores en el norte de África y el Medio Oriente— confirma que un Estado perfectamente floreciente puede, en cuestión de meses e incluso días, ser transformado en una arena de conflicto armado feroz, convertirse en víctima de la intervención extranjera, y sucumbir en una red de caos, catástrofe humanitaria y guerra civil2.

Las lecciones de la Primavera árabe

Sin duda alguna, sería más fácil para todos decir que los acontecimientos de la Primavera árabe no son de guerra, y por tal, no hay ninguna lección para nosotros —militares— que aprender.

Sin embargo, tal vez lo opuesto sea el caso—que precisamente estos acontecimientos son típicos de la guerra en el siglo XXI. En cuanto a la escala de víctimas, destrucción, y las catastróficas consecuencias políticas, económicas y sociales, estos nuevos conflictos son comparables con las consecuencias de cualquier guerra real.

Las «mismas leyes de guerra» han cambiado. El papel que desempeñan los medios no militares para lograr metas políticas y estratégicas ha aumentado y, en muchos casos, ha superado en efectividad el poder de fuerza de las armas (Figura 1).

El enfoque de los métodos usados de conflicto ha cambiado la dirección del uso general de medidas políticas, económicas, información, humanitaria y demás medidas no militares—usadas en coordinación con el potencial de protesta de la población.

Todo esto se complementa por medios militares de carácter oculto, incluyendo llevar a cabo acciones de conflicto informativo y acciones de fuerzas de operaciones especiales. El uso abierto de las fuerzas—a menudo, bajo el pretexto de mantenimiento de la paz y regulación de crisis—solo ha sido recurrido en un determinado momento, sobre todo para el logro del éxito final en el conflicto.

De esto proceden las siguientes preguntas lógicas: ¿Qué es la guerra moderna? ¿Para qué debe prepararse el Ejército? ¿Cómo debe ser armado? Solo después de contestar estas preguntas podremos determinar el rumbo de la construcción y desarrollo de las fuerzas armadas a largo plazo. Para ello, resulta esencial tener una comprensión clara de las formas y los métodos del uso de la fuerza.

Hoy, junto con los dispositivos tradicionales, se desarrollan dispositivos no estándares. El papel que desempeñan los grupos de fuerzas móviles mixtas, que actúan en un espacio de información de inteligencia único debido al uso de nuevas posibilidades de sistemas de mando y control, se ha fortalecido. Las acciones militares se han convertido cada vez más dinámicas, activas y fructíferas. Las pausas tácticas y operacionales que el enemigo puede explotar están desapareciendo. Las nuevas tecnologías de información han permitido reducciones significativas en los vacíos espaciales temporarios y de información entre las fuerzas y los órganos de control. Los enfrentamientos directos de grandes formaciones de fuerzas en el nivel estratégico y operacional se están convirtiendo gradualmente en cosa del pasado. Las acciones sin contacto a larga distancia contra el enemigo se están convirtiendo en los medios principales para lograr las metas de combate y operacionales.

La derrota de los objetivos enemigos se lleva a cabo a través de todo su territorio. Las diferencias que existen entre los niveles estratégicos, operacionales y tácticos, así como entre las operaciones ofensivas y defensivas están siendo eliminadas. El uso de armamento de alta precisión está tomando un carácter masivo. Las armas basadas en nuevos principios físicos y sistemas automatizados se están incorporando activamente en la actividad militar.

El uso de las acciones asimétricas es generalizado, lo que permite la anulación de las ventajas del enemigo en el conflicto armado. Entre estas acciones están el uso de fuerzas de operaciones especiales y de oposición interna para crear un frente que funciona permanentemente a través de todo el territorio del Estado enemigo, así como acciones de carácter informativo, dispositivos y medios que constantemente están siendo perfeccionados.

Estos cambios en curso se reflejan en los puntos de vistas doctrinales de los principales Estados del mundo y se están usando en los conflictos militares. Ya en 1991, durante la Operación Tormenta del Desierto en Irak, el Ejército de EUA concibió los conceptos «alcance mundial, poder mundial» y «operaciones de aire-tierra». En 2003, durante la Operación

Libertad Iraquí, las operaciones militares se llevaron a cabo de conformidad con el llamado Joint Vision 2020 [Visión conjunta de 2020]. Ahora, los conceptos de «ataque mundial» y « defensa de misiles antibalísticos mundial» permiten la derrota de los objetivos enemigos y sus fuerzas en cuestión de horas desde casi cualquier lugar del mundo, mientras que simultáneamente garantiza la prevención de daños inaceptables de un contraataque enemigo. Estados Unidos también está promulgando principios doctrinales de integración mundial de operaciones dirigidas hacia la creación—en muy poco tiempo—de grupos de fuerzas tipo mixta, sumamente móvil.

En conflictos recientes, han aparecido nuevos medios de llevar a cabo operaciones militares que no pueden ser considerados puramente militar. Un ejemplo de esto es la operación en Libia, donde fue creada una zona de exclusión de vuelo, se impuso un bloqueo marítimo y se emplearon contratistas militares del sector privado que colaboraron estrechamente con las fuerzas armadas de la oposición.

 

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