Videocámaras corporales en la policía: resultados contradictorios

Hace unas semanas se recogían en este blog los beneficios y retos que el exjefe de la policía del contado de Spokane (Washington) relacionaba con el uso de videocámaras corporales en los cuerpos policiales. La proliferación de este tipo de dispositivos ha generado la necesidad de evaluar su utilidad y eficacia a partir de evidencias empíricas.

23_bodycamEl pasado mes de mayo se publicaron en las revistas European Journal of Criminology y Journal of Experimental Criminology los primeros resultados de una investigación que analiza el uso de estos dispositivos en ocho cuerpos policiales del Reino Unido y de Estados Unidos. Los investigadores consideran que las motivaciones básicas para introducir estos dispositivos son reducir el uso de la fuerza por parte de la policía y reducir las denuncias contra la policía. Por lo tanto, el objetivo del estudio ha sido valorar si la grabación de imágenes y sonidos en las interacciones entre policías y ciudadanos influía en el uso de la fuerza de los policías hacia los ciudadanos o de los ciudadanos hacia la policía.

Para conseguirlo, llevaron a cabo diez ensayos o experimentos controlados aleatorios durante los cuales recogieron información de casi 2,2 millones de horas de trabajo de 2.122 agentes de policía pertenecientes a ocho cuerpos policiales diferentes (en dos de los cuerpos analizaron dos zonas distintas). Al inicio de cada semana, se asignaban de forma aleatoria en qué turnos de trabajo los policías llevarían cámaras y en cuáles no, y se recogían los datos sobre las detenciones realizadas, el número de casos en los que los policías habían utilizado la fuerza y aquellos en los que los policías habían recibido algún tipo de agresión.

Aunque los resultados preliminares conjuntos de esta investigación destacan que no se ha detectado un efecto significativo de las cámaras en el uso de la fuerza por parte de la policía, sí que hay algunas conclusiones destacables. Por una parte, analizando los casos aisladamente, hay lugares en los que el uso de la fuerza ha aumentado y otros en los que ha disminuido; por otra parte, se ha detectado que los agentes tenían más probabilidades de ser agredidos cuando llevaban cámaras que cuando no las llevaban.

Según parece, la discrecionalidad a la hora de encender o apagar el dispositivo es un parámetro a tener en cuenta, ya que en los casos en los que los agentes tenían siempre el dispositivo conectado, el uso de la fuerza se reducía un 37% respecto a los agentes que no llevaban cámaras, mientras que en los casos en los que los agentes utilizaban la discrecionalidad para encender o apagar las cámaras, el uso de la violencia aumentaba un 71% respecto a los agentes que no llevaban cámara.

En el futuro, los investigadores esperan poder ofrecer resultados más destacados a partir de los datos recogidos.

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